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Escepticismo generalizado ante la posibilidad de contar con una Ley de Transición Energética esta legislatura


Los expertos reunidos en el Foro SKV (*) celebrado este mes coinciden casi unánimemente en manifestar su escepticismo ante la posibilidad de contar en esta legislatura con una Ley de Transición Energética. Pese al amplio consenso en el diagnóstico de la situación actual, coincidencia que debería facilitar la elaboración de esa norma, se constata que tanto el escenario político como las posiciones tan alejadas en las recetas son suficientemente complejas como para hacer inviable una ley que en cualquier caso requeriría un “muy alto grado de acuerdo político para ser eficaz”.

Cuando reunimos a representantes de las empresas, administración y organizaciones sociales todavía no se conocía el informe del Comité de Expertos, ni siquiera el número de votos particulares que iban evidenciar días más tarde la dificultad de llegar a un texto que sirva al Gobierno para articular en torno a sus principios una Ley con la ambición que requiere esta tarea y mucho más todavía vinculada al objetivo de combatir el Cambio Climático.

Alguno de los expertos quiso sin embargo introducir un “enfoque optimista”, señalando que bastaría con contar con “una especie de guía o principios básicos para incluir en una ley”. Se trataría, en este caso, de contar con una ley que no necesariamente entrara en muchos detalles, pero que podrían incluir unos principios básicos que sirvan para incorporar los objetivos europeos, los deberes que nos marca el Acuerdo de París, elementos asociados al cambio climático, y que servirían “para asentar unas bases de acción climática en sentido general de la economía”.

En sentido opuesto, y con más opiniones alineadas en esta dirección, se considera que una ley solo de principios no sirve para nada. “¿Qué hacemos con esos principios? Esos principios hay que aplicarlos, desarrollarlos y concretarlos en algo porque entonces no haces una ley”, manifestaba uno de los expertos mientras que otro ponía el acento en la voluntad política.  “Estoy absolutamente de acuerdo en que una ley puede ser muy buena, pero si no hay voluntad de desarrollarla no vale absolutamente para nada. En España tenemos una de las mejores leyes de rehabilitación, pero es un decálogo de consejos y no de obligaciones”. En esta misma línea se insistía que “una ley no sirve solo por ir al BOE, tiene que estar muy bien construida, con obligaciones muy claras.” A estos argumentos se añadía el factor temporal, “no va a dar tiempo”, pese a que estamos a mitad de legislatura, la complejidad del tema requeriría una tramitación muy larga en un escenario en el que pesa constantemente la perspectiva de la anticipación de la cita a las urnas.

Pese a que estamos a mitad de legislatura, la complejidad del tema requeriría una tramitación muy larga en un escenario en el que pesa constantemente la perspectiva de la anticipación de la cita a las urnas.

En este sentido se señalaba que a día de hoy hay que tener muy claro que no existe una voluntad política clara del Gobierno para avanzar en la transición energética. Algunas opiniones incluso hablaban de que “con la Comisión de Expertos solo se ha querido marear la perdiz” al mismo tiempo que se lamentaba la ausencia en dicha comisión de representantes de las asociaciones empresariales, consumidores, organizaciones sociales, etcétera.

El denominador común es que una Ley aprobada solo por una parte del arco parlamentario no serviría en este ámbito de la energía. “Para que haya una ley de transitoriedad energética, una ley de cambio climático, lo que pedimos es que sea una ley de consenso, que no sea la ley que dentro de tres años o de cuatro años me la van a cambiar entera”.

Hubo opiniones también para comprender la postura del Gobierno y especialmente la del Ministro de Energía: “creo que el ministro por lo que está preocupado es por el precio de la energía, el precio de electricidad. Es una preocupación política de primer nivel. Es su responsabilidad” para reconocer a continuación “que esta preocupación tiene que acompasar, tiene que convivir con otros factores para que, por ejemplo, el país no quede fuera del contexto europeo o del contexto internacional que nos marcan los acuerdos de París”. “Cómo compaginarlo, eso es lo complicado”, concluía.

Complicado también es, en opinión de varios expertos que coincidieron en el argumento, “combinar los tres elementos del problema energético: seguridad de suministro, competitividad y temas ambientales”. Cuestiones que, junto a la revolución digital más el empoderamiento de los consumidores, son para uno de los expertos, “los cinco grandes elementos que debería tener una ley de cambio climático combinándolas simultáneamente”.

Seguridad de suministro, competitividad, temas ambientales, revolución digital y empoderamiento de los consumidores, son para uno de los expertos  los cinco grandes elementos que debería tener una ley de cambio climático combinándolas simultáneamente.

Respecto al argumento de la preocupación por el precio, otro de los intervinientes en el Foro SKV exponía “que hay una realidad y es que si enfrentamos una economía electrificada o no electrificada, lo que no estamos viendo es que en estos momentos la única preocupación, y además generada desde adentro, es por el precio de la electricidad. La electricidad es cara porque hemos querido que sea cara”. Como factores que encarecen el recibo de la luz se citó que con él “hacemos política industrial, hacemos política medioambiental, sin correspondencia con otras áreas, hacemos política territorial, hacemos política financiera valorando los activos no por el uso que dan, sino por una retribución previamente establecida independientemente de que valgan o no valgan

La fiscalidad, herramienta clave

Sí que hubo acuerdo también en la relevancia que debe dársele a la fiscalidad. Fueron varios los expertos que se mostraron partidarios de “empezar a castigar fiscalmente, por decirlo de una forma simple, lo malo: la contaminación, por ejemplo, la combustión de fósiles que contribuye al cambio climático”. Incluso se hizo una propuesta muy concreta en este sentido: “a lo mejor toda esa fiscalidad nueva se puede descargar de las cuotas de la seguridad social a los empresarios u otros impuestos”. En cualquier caso, no se trataría de aumentar la fiscalidad porque sí, pero sí de ir cambiando la percepción social, con información al consumidor, a la sociedad, “que sepan que si el fabricante de este producto con sus proveedores origina no sé qué cantidad de huella de carbono, y este otro menos:  lo primero es al que origina más impactos le cueste más que al otro y, segundo, que yo también pueda como consumidor elegir entre uno y otro. Ese tema es la única forma práctica de avanzar también hacia una senda de combatir el cambio climático y avanzar en la transición energética.”

En cualquier caso, no se trataría de aumentar la fiscalidad porque sí, pero sí de ir cambiando la percepción social, con información al consumidor, a la sociedad, que sepan que si el fabricante de este producto con sus proveedores origina no sé qué cantidad de huella de carbono, y este otro menos

Un ejemplo muy claro de que no se está haciendo en esta línea se exponía en estos términos: “eximimos de impuestos, a lo que no tenemos y a lo que contamina que son los combustibles fósiles, pero sí incorporamos nuevos impuestos como el 7% a la electricidad, entonces tenemos la electricidad más cara porque hasta ahora políticamente se ha querido que la electricidad sea más cara”. La otra explicación de algunos sobre el por qué tenemos la electricidad cara es sencillamente porque “el sector eléctrico, mejor dicho, el consumidor eléctrico está asumiendo unos costes que no le corresponden y porque el sector petróleo y gas está protegido en este país frente a lo que sería la componente fiscal y la componente de utilización. Tenemos el diésel más barato de Europa, la gasolina más barata de Europa y, que yo sepa, nuestros pozos de petróleo no sacan petróleo todos los días”.

Varios intervinientes coincidieron en reclamar esa corresponsabilidad del sector gas y petróleo con el esfuerzo que se ha hecho para cumplir con los objetivos 20/20/20 que solo ha pagado a día de hoy el consumidor eléctrico. Otros datos significativos en este sentido aportados al debate son que desde 2008 a 2015 la electricidad ha subido un 8% anual y los combustibles un 3% y que, con la recuperación económica, el crecimiento de la demanda de combustibles se está disparando y la electricidad no, “con lo cual, estamos en una política energética, bajo nuestro punto de vista, absolutamente desnortada”.

Este tema tenía otra lectura en el seno del Foro: “no creo que sea un problema de sectores, de petróleo, también estamos convirtiendo esto en un ‘cómo yo pago, que pague el de petróleo’ y esto no es así. Desde mi punto de vista, probablemente la fiscalidad ahora mismo está diseñada en una fiscalidad de los años 70, con unos impuestos especiales en hidrocarburos, que están diseñados para eso. No hay una fiscalidad diseñada para el Siglo XXI, pero no es una cuestión de electrifiquemos y paga tu más sino es una cuestión de que todo el mundo tiene que contribuir al mismo tiempo”.

El debate se completaba con otra propuesta concreta: “debemos llevar a cabo políticas energéticas positivas, a través de un impuesto en hidrocarburos, algo que ni tenemos, que contamina y que no es eficiente, y por cada céntimo por litro son 700 millones de euros al año de recaudación y conseguiría dos efectos: uno, generar dinero para implantar políticas que son necesarias, rehabilitación de edificios, instalaciones de recarga, política urbana, etc; y, por otro lado, frenar el consumo de algo que no tenemos y que tenemos que importar cien por cien”.

Debemos llevar a cabo políticas energéticas positivas, a través de un impuesto en hidrocarburos, algo que ni tenemos, que contamina y que no es eficiente, y por cada céntimo por litro son 700 millones de euros al año de recaudación

El problema para avanzar en este ámbito, se comentaba, es que “el retorno de estas políticas va más allá de una legislatura y ahí es donde está el político. Ese es el problema de nuestros políticos. El retorno de los políticos tiene que ser dentro de los cuatro años, por eso tenemos que exigir otro tipo de políticas y eso es un tema cultural”.

Como conclusión uno de los ponentes afirmaba, “todos creemos que el futuro está muy claro, que es eficiencia y renovables y todo el tiempo que tardemos en ponerlo en marcha, será tiempo irrecuperable; existen las soluciones tecnológicas, lo que no existe es voluntad política”.

*Foro SoloKilovatiosVerdes Marzo 2018

Intervinieron María Fernández, Vicepresidenta de la CNMC, Marina Serrano, Presidenta de UNESA; Fernando Ferrando, Presidente de Fundación Renovables; José María González Moya, Director General de APPA Renovables; José María González Vélez, Presidente de Gesternova; Miguel Muñoz,  Director de Políticas de Cambio Climático de Iberdrola; y Jorge González Cortés, Presidente de Contigo Energía.

Las opiniones vertidas en este resumen del debate no comprometen a ninguno de los participantes en el mismo, sino que son responsabilidad de SoloKilovatiosVerdes como interpretación de lo manifestado en el transcurso de la reunión.


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