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La mejor energía es la que se consume

Tribuna escrita por Jorge González Cortés – Vicepresidente de Gesternova Energía para el periódico El Español.

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Tradicionalmente hemos asumido lo contrario, pero, aunque el título (La mejor energía es la que se consume’) pueda parecer un clickbait, me gustaría compartir, razonadamente y con algunos datos, una reflexión en el contexto energético actual.

La transición energética supone una verdadera revolución en la economía de la Unión Europea, no solo por el cambio tecnológico en el que predominan las renovables, sino porque tanto los precios de la energía como las emisiones de gases contaminantes se están reduciendo drásticamente en varios mercados y muy especialmente en el ibérico que integra a España y Portugal.

Como dice un buen amigo, «dato mata a relato», y espero que cada uno saque sus propias conclusiones.

Precios de la energía demasiado bajos ponen en peligro el retorno de las inversiones

Con los datos disponibles de la UE, las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeron en 2023 un 3% respecto al año anterior, lo que acumulado supone un 32.5% respecto a 1990. La reducción de las emisiones de estos gases tiene un efecto relevante en la lucha contra el cambio climático a medio o largo plazo, pero, sobre todo, un efecto sobre la salud de los ciudadanos de los Estados miembros de la unión, donde fallecen medio millón de personas de forma prematura por la contaminación.

En el contexto de la invasión rusa de Ucrania, en conjunto redujimos nuestra dependencia del petróleo ruso en un 90% y la demanda de gas se redujo un 18% en 2023 respecto a los últimos 5 años. Nuestras reservas en Europa están en máximos estacionales y por tanto no parece que se avecinen problemas de suministro a corto plazo.

En cuanto al avance de las renovables, 2022 fue un año récord con 41GW de nueva generación fotovoltaica que, junto a las otras tecnologías renovables, aportó en 2022 el 39% de la demanda de la unión, cuyos objetivos más ambiciosos a largo plazo, en el horizonte 2030 y 2050 dibujan un escenario prometedor tanto en términos de reducción de emisiones de gases contaminantes como de precios del mercado mayorista. En 2023, sin ir más lejos, las renovables cubrieron la mitad de la demanda en nuestro sistema eléctrico.

Por refrescar la memoria, las renovables son buenas por ser autóctonas, limpias e inagotables, creadoras de empleo y capaces de producir un efecto deflactor en el mercado de la electricidad, tanto que a medida que se van incorporando nuevas instalaciones de renovables al mercado, estas canibalizan el precio de la energía para todo el mix de generación.

La otra cara de la moneda está en que precios de la energía demasiado bajos, ponen en peligro el retorno de las inversiones y por tanto los financiadores han buscado fórmulas para asegurar el precio y la más popular en los mercados es la de establecer contratos en los que se fija un precio de compra de la energía a largo plazo, los llamados PPA.

Toda esta capacidad de generación tiene que encontrar una demanda que cubrir y las interconexiones entre sistemas eléctricos ayudan a equilibrar las diferencias entre oferta y demanda. El almacenamiento del que tanto se habla en el sector, servirá para reducir los vertidos de energía que ya estamos presenciando. Pero la realidad es que la creación de esa demanda está muy por detrás de la capacidad de crecimiento de la oferta por razones que no me corresponde analizar.

En el contexto de la invasión rusa de Ucrania, en conjunto redujimos nuestra dependencia del petróleo ruso en un 90%

La situación vivida en las últimas semanas podría servir como ensayo general del mercado eléctrico que se avecina.

La gran aportación de tecnologías renovables como la fotovoltaica, la eólica y la hidráulica durante los primeros meses del año están abaratando el precio de la energía en el mercado diario y además están cubriendo gran parte de la demanda, lo que obliga entre otras cosas a reducir la aportación al sistema de las centrales nucleares a una cobertura de la demanda que, en 2023, se situó en niveles parecidos a la de 2003, hace 20 años.

La UE persigue como objetivo reducir un 11,7% el consumo final de energía en los países miembros para 2030, con la intención de reducir nuestras emisiones y nuestra dependencia energética. Con la introducción masiva de renovables en los sistemas eléctricos europeos, es hora de empezar a distinguir la energía que se usa de la que se consume en función del recurso con el que se genera. Esto es así al pasar de un modelo basado en combustibles fósiles que no tenemos a un modelo basado en renovables cuyos recursos están disponibles en abundancia, especialmente en nuestro país.

Usar energía renovable barata, abundante e inagotable nos permite sin tener que esperar al futuro mejorar nuestra calidad de vida y nuestra competitividad económica. ¿Hemos encontrado la cuadratura del círculo?

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