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Sistema eléctrico. Lo importante ya es urgente también.

Esta tribuna ha sido escrita por José María González Vélez, presidente de Gesternova Energía, y publicada en la revista Energía nº127 de elEconomista.es (descárgatela aquí: Kiosco Edición Impresa (eleconomista.es)

Diferentes opiniones sobre hacia dónde nos dirigimos y si hay que mantener o incrementar las nucleares, mantener los ciclos e intensificar la instalación de renovables, son mantenidas por sus defensores o detractores con argumentos más o menos válidos.

Éstos debían ser exclusivamente técnicos, económicos, compatibles con el respeto al medio ambiente y con el principio de mantener la seguridad y sostenibilidad del sistema, pero nunca ideológicos. Lo único no admisible por parte de todos sin distinción, es que no dispongamos de energía.


El consumo de energía está disminuyendo desde la pandemia y el cambio de tendencia del último trimestre de 2024 no parece que se pueda considerar firme.

Podríamos estar felices si aplicamos el principio de que la mejor energía es la que no se consume, pero este descenso tiene consecuencias no deseables.

No casa bien este descenso con la necesidad de ampliación de las redes de transporte y distribución para dar cabida a la nueva potencia renovable y al
almacenamiento previstos en el PNIEC.

Para 2030 las interconexiones con Europa a través de Francia serán de 8.000 MW, a todas luces insuficientes, y no aliviarán los problemas de gestión de nuestro sistema con una importante aportación de energía renovable no almacenable, porque también en Europa habrá excedentes en muchas horas y esto hará que los precios tiendan a cero, sobre todo en las horas solares. No es bueno que un producto como la energía cotice a cero euros si no es en contadas y excepcionales circunstancias. Y no es un problema de mercado.

El PNIEC aprobado en 2020 contempla una potencia nueva de 3.500 MW en centrales de bombeo, con un total de 12 TW de almacenamiento. La revisión del PNIEC de 2023 incrementa ese objetivo hasta los 22 TW. El bombeo hidráulico es el mejor sistema de almacenamiento viable en la actualidad porque es el único capaz en términos de energía almacenable y que pueda dar seguridad al sistema y aportar estabilidad de precios en el mercado. Las baterías pueden y deben contribuir en la medida de sus capacidades también.

No obstante, hasta la fecha no se ha producido ninguna actuación objetiva que permita incrementar la potencia de bombeo disponible. El desarrollo de
los bombeos está pendiente de que se cifre la retribución asociada a los mercados de capacidad. Mientras que no se establezcan, ningún promotor invertirá en ningún sistema de almacenamiento, singularmente en bombeo hidráulico. Esto es, además de importante, urgente.

La gestión última de esos bombeos deberá ser responsabilidad del operador del sistema si su libre participación en los mercados resultara insuficiente o fuera incompatible con la seguridad de suministro, tal como ya sucede en la actualidad, y a los promotores asegurarles una rentabilidad suficiente que permita el retorno de la inversión. Por tanto, será un input del coste del sistema.

Considerando las limitaciones de la interconexión y el potencial de generación de las renovables, será imposible exportar los excedentes de energía que España es capaz de generar. La electricidad juega con desventaja respecto de los combustibles fósiles; no pueden trasladarse en camión o barco.

No se ha producido ninguna actuación objetiva que permita incrementar la potencia de bombeo disponible

Por ello, es necesario que si no puedo ir a la montaña, tengo que traer la montaña. Quiero decir, hay que crear soluciones imaginativas para que antes de tener paradas plantas de generación renovable, tengamos industria más o menos electrointensiva en España y que promovamos también el incremento de la electrificación de nuestro PIB.

Ninguna solución singular solucionará el problema, pero sí que el conjunto de medidas a tomar contribuirá a su solución.

La generación de hidrógeno verde usando electricidad de origen renovable para ser utilizado en transporte marítimo y aéreo que no pueden abastecerse de electricidad, además del terrestre, es fundamental para la descarbonización que se pretende.

Es acertada la medida de fomentar la sustitución de calderas de fuel y gas, por aerotermia; si se complementa con geotermia, además mucho mejor.

Podemos generar energía autóctona que alimente todos esos sistemas y nos eviten importar combustibles que no tenemos y así no quemar en España cinco millones de euros cada hora. Todavía en el mundo obtenemos el 80% de la energía que utilizamos quemando algo. Esto beneficia solo a unos pocos y lo pagamos muchos y mucho.

La oportunidad del mantenimiento del parque nuclear como instrumento de garantía de suministro y su contribución a la estabilidad de los precios, es
materia suficiente y de tal importancia estratégica que merece un debate ad hoc. Y no por barata, que no lo es. Gestionar los residuos (que no podemos
hacerlos desaparecer) también está pendiente.

Por último, y no menos importante, es preciso llamar la atención sobre la necesidad ineludible de reducir la burocracia y, por tanto, los tiempos de tramitación de las infraestructuras imprescindibles para que el PNIEC sea una realidad. La burocracia es un coste insoportable.